La edición 2008 del carnaval Lirqueño de los desplazados de Chilca en la provincia de Huancayo en el centro del país ha reunido alrededor de 1500 personas y ha sido un verdadero éxito. Organizado cada año en febrero por la asociación cultural San Pedro de Tuco [1], este carnaval de tres días es la ocasión para los desplazados de valorizar y de dar a conocer en un ambiente festivo las costumbres y actividades tradicionales de Angaraes, su provincia de origen al sur-oeste de Perú. Además de mantener vivo su patrimonio cultural, las alegres manifestaciones del carnaval constituyen una salida para los desplazados, obligados a escapar de las requisiciones de Sendero luminoso, guerrilla maoísta de los años 80. Este año, varias asociaciones se han asociado al carnaval, que ha atraído un gran número de personas no desplazadas, residentes de Chilca, y sus alrededores.
Un carnaval lleno de colores, entre danzas tradicionales y comida convival
El carnaval ha comenzado el 23 de febrero con el ritual porte de árboles, en medio de cantos y de danzas. Esta primera jornada es terminada con una oración y con el encendido de velas a San Pedro, santo patrón de la asociación. Durante esta fiesta, los desplazados han cantado y danzado felizmente al son de una orquesta andina, masticando hojas de coca. Muy temprano al día siguiente, a las 4 de la mañana las mujeres han comenzado a preparar el puchero, la comida típica del carnaval compuesto, entre otras cosas, de patatas dulces, de carne, de repollo, y de pimento rojo.
Desde las nueve comienza la decoración de los árboles del carnaval, que los participantes han plantado con la sola ayuda de cuerdas: una proeza deportiva que necesita varios brazos y que fue aclamada. Después de verse con un vaso de chicha de jora, una bebida andina a base de maíz, los participantes fueron invitados al “almuerzo del pueblo”. El baile general de la tarde es abierto por la entronización de San Pedro vestido de una capa y un sombrero blanco. Las parejas danzan alrededor de los árboles, y dan cada una a su turno un golpe de hacha hasta hacerlos caer. La caída de cada árbol es seguida de una danza andina. El proceso se lleva a cabo hasta la media noche. Las parejas de danzantes que han logrado tumbar los son nombrados padrinos y madrinas del carnaval del año siguiente.
El carnaval, un símbolo de unión, de reciprocidad y de respecto de los patrimonios culturales
Todas estas actividades demandan una larga preparación, y permiten a los desplazados de Chilca ayudarse y trabajar juntos. El carnaval existe desde hace once años y es bien conocido en la región. De esta manera, se ha convertido en el carnaval del pueblo, “símbolo de unión, de reciprocidad y de respecto de los patrimonios culturales” en esta ciudad cosmopolita que es Chilca afirma Erik Aparco Gala, presidente de la asociación. Si el carnaval gusta tanto, explica, es “porque a través de los cantos y las danzas, habla a todo hombre que sufre”, y porque refleja el dolor de los desplazados, que deben afrontar los riesgos de la vida, y tienen pocas ocasiones de hablar. El carnaval es la ocasión para los desplazados de recordar el combate por sus derechos.
Estos tres días de fiesta anual siempre tan esperados permiten a los desplazados reunirse, y sensibilizar los otros participantes en condición de desplazados a veces víctimas de una cierta marginalización al ser “percibidos de manera equivocada como gente sin derechos con respecto a las personas originarias de Huancayo”. Y por encima de todo, el carnaval permite mantener viva la cultura milenaria de Angaraes, transmitirla y hacerla amar por los jóvenes y niños.
| Para ir más lejos: Résonances Latino-Américaines N°22 - Mars 2008 |






















