El pueblo de Acteal, en el municipio de Chenalho, lucha de manera no-violenta por el derecho de vivir en paz en sus territorios.
En ese pueblo de Chiapas, México, la tensión ligada a las violencias pasadas todavía es palpable en la comunidad indígena tsotsile. Hace diez años, la paz y la justicia fueron violadas con la muerte de 45 Tsotsiles, mujeres y niños en su mayoría, según un balance oficial [1]. Para el decimo cumpleaños de esa masacre, los miembros de la asociación Las Abejas [2] organizarón el encuentro contra la impunidad del 20 al 22 del pasado diciembre. Más de 50 asociaciones diferentes y más de 800 particulares de todo México y de todos los continentes participaron, para que esa masacre no sea olvidada aún cuando los hechos todavía no están totalmente establecidos, ni todos los responsables juzgados.
La lucha por la autonomía, la justicia y el respeto de la cultura de los indígenas chiapatecas
En esa ocasión del decimo cumpleaños de la masacre, Las Abejas también celebraron los quince años de existencia de su organización que defiende de manera pacífica la lucha por la autonomía, la justicia, y el respeto de la cultura de los indígenas chiapatecas. A fin de tener un monumento funerario de la masacre, construyeron juntos una nueva capilla en Acteal, sobre la cual izaron, al alba del 22 de diciembre, las banderas de México y de la paz. Esta capilla se ubica al lado de otra capilla en la cual estaban reunidos, hace 10 años atrás, una centena de Tsotsiles rezando cuando un grupo de paramilitares los interrumpieron y les dispararon durante una operación que duró siete horas. Según Las Abejas, “la comunidad sigue viviendo en estado de guerra así que todavía están aca las armas, y ninguna garantía de que la masacre no se reproducirá fue tomada hasta el momento.”
Acordarse y luchar para que la masacre nunca se reproduzca
Mientras algunos terminaron la construcción de la capilla, otros prepararon las tortillas, las judías y el café para ofrecerlos a los invitados. En esa ocasión, la radio comunitaria Chanul-Pom se instaló en Acteal y retransmitió el evento en directo en idiomas indígenas totsil, tseltal y en castellano a los lugareños que no podían asistir a este. Los dos primeros días fueron marcados por conferencias animadas por defensores de los derechos humanos y dos obispos que apoyan la lucha de los chiapatecas, Samuel Ruíz y Raúl Vera. De noche, miembros de Las Abejas hicieron una reconstitución de la escena de la masacre, representación que cautivó los espectadores por su extrema expresividad, aún más que estos se hallaban a 20 metros del lugar del crimen. “Nuestras palabras no pierden su sentido, y no cesamos de repetirlas. Dijimos la verdad sobre la masacre de Acteal, porque la vimos y la oímos. No podrá nadie hacernos creer el contrario, porque tenemos las pruebas de eso, nuestros hermanos y hermanas están enterrados en la tumba comunal de Acteal.” Extracto del comunicado oficial de la Organización Sociedad Civil Las Abejas del 27 de noviembre del 2007.
El último día empezó por una conmemoración alrededor de la columna de la infamia. erigida en la ruta de Acteal en 1999. Esta es parte de un grupo de columnas en diferentes lugares del mundo y construidas a fin de no olvidar un grave ataque cometido contra la humanidad [3]. Dieron una misa en la cual Las Abejas exigen que sean juzgados los instigadores de la masacre, cercanos a la autoridad de esa epóca. La asociación también reclama la aplicación sin reservas de la Declaración universal de los derechos de los pueblos indígenas y pide la desaparición de los grupos paramilitares. “Así es como el evento se acabó por una caminata colectiva en las fragancias del incienso, con el sonido de la arpa, del violín y de la guitarra... y de los gritos de adhesión con Acteal. Dejando a los participantes un recuerdo que los anima a comprometerse en la lucha, cada uno desde su lugar y en su medida para un México más justo” relata Andrés Díaz que asistió en tanto que voluntario de la asociación Ciudadanos en apoyo a los derechos humanos
| Para ir más lejos: Résonances Latino-Américaines N°22 - Mars 2008 |




